¿’Quo vadis’ Ucrania?

Simpatizantes de Yulia Timoshenko protestan durante una manifestación de apoyo en Kiev en la que exigen su liberación, el 27 de abril.  EFE / SERGEY DOLZHENKO.

Simpatizantes de Yulia Timoshenko protestan durante una manifestación de apoyo en Kiev en la que exigen su liberación, el 27 de abril. EFE / SERGEY DOLZHENKO.

Una inaudita oleada de atentados con bomba ha sacudido el 27 de abril la ciudad ucraniana de Dnipropetrovsk. La exprimera ministra Yulia Timoshenko, una de las figuras emblemáticas de la revolución naranja, actualmente en la cárcel cumpliendo una condena de siete años por haberse extralimitado en sus funciones, está en huelga de hambre y acusa a los guardas de haberla golpeado para forzar su traslado desde la prisión a una clínica.

Como protesta, el presidente alemán Joachim Gauck canceló su visita a Ucrania que debía realizar en mayo y se multiplican las llamadas a no asistir a los partidos de la Eurocopa de fútbol que se jugarán en aquel país, anfitrión junto a Polonia, de esta cita deportiva que tendrá lugar en verano.

Veinte años después de haberse independizado de la Unión Soviética, “¿quo vadis Ucrania?”, se preguntaba el viernes en Barcelona Borys Tarasyuk, exministro de Exteriores en dos ocasiones y actualmente diputado en la Verkhovna Rada, el Parlamento de Kiev.

Solana y Tarasyuk, en la presentación del informe 'Open Ukraine,' en la sede del Cidob, el 27 de abril.

Solana y Tarasyuk, en la presentación del informe 'Open Ukraine,' en la sede del Cidob, el 27 de abril.

Siete años atrás, durante la revolución naranja, “sabíamos a dónde ir, y cómo ir”. Hoy el país, que es uno de los más grandes de Europa y el segundo más pobre, vive una deriva autoritaria con la concentración del poder en una sola mano, la del presidente Víktor Yanukóvich.

Javier Solana, que como Alto Representante de la UE para la Política Exterior vivió muy directamente la revolución naranja del 2004, manifestaba su “profunda frustración” por cómo se ha perdido el impulso de aquel movimiento democrático.

Sentado junto a Tarasyuk en la sede del Cidob, recordaba que desde el principio de aquella revolución ya surgieron problemas entre los dos principales protagonistas, Timoshenko y Víktor Yúschenko, que se enzarzaron en una lucha por el poder.

Los demócratas ucranianos como el propio Tarasyuk, se sienten agraviados por lo que consideran una falta de respuesta adecuada de la UE a la instauración de la democracia.

Daños causados en el tranvía tras la explosión de una bomba, en Dnipropetrovsk el 27 de abril. EFE /  NIKOLAY MYAKSHYKOV.

Daños causados en el tranvía tras la explosión de una bomba, en Dnipropetrovsk el 27 de abril. EFE / NIKOLAY MYAKSHYKOV.

Siendo en parte verdad, y la frontera con Rusia no fue ajena a esta reserva europea, Solana recordó que Ucrania ha vivido durante largo tiempo en una situación de “Constitución abierta”, una situación en la que los distintos dirigentes han cambiado el marco constitucional y las leyes electorales en beneficio propio y perjuicio de la oposición.

El informe Open Ukraine, Ucrania abierta, elaborado por el Eastern Institute y presentado en el encuentro barcelonés, hace un detallado análisis de los males que padece Ucrania, siendo los más dañinos, la corrupción, calificada de “sistémica”, y la inexistencia del imperio de la ley. 

“La elección es clara: Ucrania puede sumarse a la corriente europea o permanecer en una zona opaca de inseguridad entre Europa y Rusia”, plantea el informe.

La primera opción implica un papel activo de la UE, pero dada la deriva autoritaria en Kiev y la falta de impulso en Bruselas originada por la crisis, nada se vislumbra en el horizonte. A finales de marzo hubo una reunión, una más, entre funcionarios comunitarios y diplomáticos ucranianos en la que se discutió un acuerdo de asociación, pero nada se dijo de la fecha de su firma.

 “Si Ucrania se pierde para la democracia, será una gran pérdida para Europa”, Solana dixit.