Ambicioso papel de Monti

 

Mario Monti (Efe)

Mario Monti (Efe)

Construir una nueva derecha en Italia, que no sea la inviable de Silvio Berlusconi, ni el liberismo o capitalismo salvaje inaugurado por los Chicago Boys (Milton Friedman)  y epígonos sucesivos, cuyos estragos se vieron, entre otros,  en Chile  (Augusto Pinochet), Gran Bretaña (Margareth Teatcher) y EEUU (Ronald Reagan). Esa parece ser la idea de Monti y sus aliados.

 

Por lo que se sabe del personaje, al terminar el gobierno tecnocrático habría preferido volver a su universidad y asesorías internacionales. Pero tiene un alto sentido del deber, sobretodo si otros, en Italia y fuera de ella, le presionan con las ideas.

 

Árbol navideño de los deseos

Árbol navideño de los deseos

No hace falta mucha ciencia para intuir que la labor de un año de gobierno tecnocrático para afrontar y salir de la emergencia se volverá papel mojado si las medidas de austeridad no se acompañan y fijan en unas reformas estructurales que sobrevivan a cualquier futuro gobierno. Lo que no significa que las reformas deban ser exactamente cómo han sido proyectadas. Pero las presiones son para que Monti prosiga en ello, aún después de superar la anomalía del ejecutivo técnico. La operación está vinculada al nacimiento de una nueva derecha o partido conservador que nunca ha existido.

 

Un país sin burguesía

En la Italia moderna, vista en su conjunto, no se ha producido nunca una revolución industrial y en consecuencia no ha surgido una clase burguesa. La hubo en el Reino de Piamonte y en el de las Dos Sicilias, pero no en la Italia unida (1870).  En consecuencia, el país no ha tenido nunca un partido conservador y liberal a la vez. La Democracia Cristiana era una amalgama de muchas cosas, con poco que ver con los Cristianodemócratas de Alemania, los Tories británicos, los Republicanos de los EEUU o incluso la Lliga Catalana.

"La crisis está, ¿y el gobierno?"

“La crisis está, ¿y el gobierno?”

En estos días previos a la campaña electoral resulta fácil para Berlusconi explotar los sentimientos anti-Monti que hay en Italia y, por incomprensible que pueda resultar, hay electores que aseguran volver a votarle. El vientre del país considera el Estado como una vaca lechera y no como un equilibrio estructurado de poderes, con derechos pero también deberes o responsabilidades.

 

La armada de Monti

La nueva armada que se dispone a acudir a los comicios con la Agenda Monti , aunque él no se presente a las urnas, es un coacervo de conservadores y liberales. No hay una revolución industrial en curso, aunque la profundidad de la crisis, más allá de la contingencia financiera y de las deudas soberanas, pueda tal vez funcionar como catalizador para una nueva derecha nacional. Conservadora, liberal y laica, o sea no clerical.

 

El católico Monti es un liberal que tiene en cuenta tanto las duras recetas del FMI como la doctrina social de la iglesia de Roma, que desde León XIII hasta Benedicto XVI no ha sido nunca tierna ni con el marxismo, ni con el capitalismo y si acaso ha aportado más a la defensa de los derechos de los trabajadores que a los del capital.

 

De conseguir su verosímil intento, sería una buena noticia, porque, al fin y al cabo, para que la política de un país funcione bien es necesario que haya unas derechas y unas izquierdas, claras y comprensibles. Sólo así conservadores y progresistas pueden confrontarse y ofrecer sus respectivas y distintas visiones sobre el futuro de la sociedad. Es elemental, aunque no obvio.