América Latina y la cultura de la reelección

“Hay consenso para que yo vaya a la reelección”, hizo saber primero Rafael Correa, a través de su cuenta en Twitter. Luego lo comunicó formalmente. El presidente ecuatoriano buscará en febrero de 2013 su tercer mandato. Correa está en el poder desde 2006 y las encuestas lo siguen ubicando como favorito. Sus competidores serían el ex banquero Guillermo Lasso, el magnate bananero Álvaro Noboa, el ex golpistta, ex presidente y ex prófugo judicial,  Lucio Gutiérrez y Alberto Acosta, un ex aliado del presidente. No se descarta la insólita posibilidad de que Abdalá Bucaram, otro ex mandatario destituído, quien está exiliado en Panamá y tiene varias causas judiciales en su contra,  formalice su aspiración electoral. Con este panorama político, los anhelos de Correa de permanecer en el Palacio de Carondelet no parecen peligrar.

El boliviano Morales también se propone extender su hegemonía. Asumió en enero de 2006 y, como Correa, reformó la Carta Magna. A diferencia de su colega ecuatoriano, el Tribunal Constituciona debería confirmar si el presidente, que ya fue reelecto, puede postularse en 2014 y esta tentativa se computa como su “primera releección” después de aquella enmienda.

Parte de la opisición boliviana da por hecho que la máxima instancia judicial confirmará las pretensiones de Morales, y se propone formar una coalición para impedir por los votos que el presidente se mantenga en el Palacio Quemado.

Correa y Morales intentan seguir al pie de la letra la lógica que ha convertido a Hugo Chávez en un presidente imperturbable al paso del tiempo político: gobierna desde 1998 y se ha sometido una y otra vez a la voluntad de las urnas. Como Chávez, atan la suerte de un proceso a sus nombres: esa es, hasta el momento, la única posibilidad (y garantía) de reproducción de sus proyectos.

La argentina Cristina Fernández de Kirchner ha sido reelecta en cotubre de 2011. La había precedido su difunto esposo, Néstor Kirchner. Un sector del kirchnerismo quisiera que se presente en 2015 otra vez. La Constitución lo impide y debería reformarse. Ella no ha soltado palabra al respecto, pero las aspiraciones de algunos dirigentes han sido tomadas como prueba de un deseo inconfesable. La variopinta multitud que salió a las calles de la ciudad de Buenos Aires y otros grandes centros urbanos en la noche del jueves mostró un solo punto en común: no quiere un tercer mandato de Cristina Fernández. Como están las cosas, solo le queda convertirse en la “gran electora” y transferir sus votos al candidato que designe con su dedo, siempre y cuando, la economía le ayude a recomponer su imagen en la clase media que le está dando la espalda.  En el mejor de los casos, podría tener la suerte del brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, quien, dos años atrás, designó como heredera a una casi descocnocida Dilma Rousseff. El horizonte presidencial de Rousseff podría extenderse cuatro años más, si es que su mentor no planea retornar al Planalto.

Los deseos de extender su mandato no son tampoco ajenos a Juan Manuel Santos. El colombiano sabe que si alcanza la paz con las FARC llegará a las elecciones de 2014 con grandes chances.

Mientras tanto, en Chile, Michelle Bachelet sopesa la conveniencia de presentarse en los comicios generales de diciembre de 2014. Le tocó, en marzo de 2011, entregarle el poder a la derecha. El multmillonario Sebastían Piñera no ha logrado en estos dos años cautivar a una sociedad que le reclama lo imposible: que el Estado financie una educación de excelencia y gratuita. Las encuestas aseguran que si Bachelet se presentara volvería al Palacio de la Moneda. La esperarían tareas pendientes de su primer Gobierno, esas que una sola persona no puede resolver.