¿Después de Dirceu, van por Lula?

José Dirceu, figura legendaria de la izquierda brasileña desde la revuelta estudiantil de 1968 contra los militares, ha sido condenado a 10 años y 10 meses de prisión. Se lo ha acusado de liderar una “cuadrilla” encargada de comprar votos en el Congreso para garantizarle una mayoría al presidente Luiz Inacio Lula da Silva. El dictamen parece anunciar un cambio de época en Brasil. El hombre que llegó a realizarse una cirugía plástica en el rostro para no ser identificado en la calle por los agentes de la dictadura y que, en democracia, fundó el Partido de los Trabajadores (PT) junto con Luiz Inacio Lula da Silva, será alojado en una cárcel del interior de Sao Paulo. Según Folha, podría cumplir su pena en el Complejo Penitenciario de Tremembé, conocido como la Prisión Caras. Se la llama en alusión a una isla paradisíaca y paulista donde la farándula brasileña y argentina suelen tomarse fotos y mostrar qué bien les va en la vida. Toda una ironía que delata otra forma del escarmiento.

“Seguiré luchando”, prometió Dirceu, y acusó a los grandes medios de comunicación de haber montado una farsa judicial y haber presionado a los integrantes del máximo tribunal. El PT, fundado en 1980, nunca contó con la simpatía de los grandes diarios y cadenas televisivas. En 1989, Lula fue derrotado por el ignoto Fernando Collor de Melho. Siempre se dijo que, en rigor, el gran ganador fue el Grupo O Globo, que impuso a ese candidato y realizó una furiosa campaña contra el líder sindical.

Lula volvió a ser vencido en 1994 y 1998, por Fernando Henrique Cardoso. Dirceu pensó entonces que era hora de moderar el programa y buscar aliados en el centro político, si se quería llegar a la presidencia. Había que pactar también con O Globo cierto armisticio. Lula ganó y nombró a Dirceu su mano derecha en el Gobierno. En 2005 se tuvo que ir. Había estallado el “mensalao (mensualidad)”, como se llamó al escándalo por la compra de voluntades en el Congreso. La estructura del PT quedó expuesta. Dirceu y José Genoino, ex integrante de una guerrilla formada en los años 70,  y entonces presidente del partido, quedaron en la primera línea de fuego, junto con otros dirigentes de escasa relevancia mediática.

Siete años más tarde se llevó a cabo el llamado “juicio del siglo”. A lo largo de varios meses, el fiscal presentó supuestos indicios y conexiones establecidas por inducción, y que terminaron teniendo el peso de pruebas irrefutables. El razonamiento de la parte acusadora fue el siguiente: Dirceu, al ser, entonces, una fuerza tutelar en el Gobierno y el PT, no podía, dada su condición, estar al margen de la maquinaria que se había puesto en funcionamiento. El Supremo Tribunal aceptó esa lógica. Dirceu deberá ahora cumplir al menos un año y nueve meses de cárcel en régimen cerrado, antes de aspirar a un sistema semiabierto como el que beneficio a Genoino.

“No soy corrupto. Esta fue una condena sin pruebas, basada en una hipótesis preestablecida, contrariando la presunción de inocencia”, dijo Genoino. Cuatro décadas atrás fue torturado salvajemente. Nunca imaginó concluir de esta manera su carrera política.

Tampoco Dirceu. “Nunca había sido investigado ni procesado desde que se reconquistó la democracia (a mediados de los ochenta). Nunca practiqué ningún acto ilícito o ilegal como dirigente del PT, parlamentario o ministro de Estado. Fui imputado y condenado sin pruebas porque soy inocente. La ignominia y la infamia se agrava en todo este proceso que viola abiertamente nuestra Constitución y el estado democrático de derecho”, dijo.

“Este ha sido un juicio realizado por presión de los medios y realizado para coincidir con un período electoral con la esperanza de derrotar al PT y sus candidatos. El juicio no acabó porque todavía tenemos recursos previstos por la ley y, además, porque tenemos el derecho sagrado a probar nuestra inocencia. No me callaré y no me conformo con una sentencia injusta que fue impuesta. Voy a seguir luchando. Le debo eso a todos los que han creído y han estado a mi lado en los últimos 45 años”. Las posibilidades de revisión de la sentencia son, sin embargo, escasas.

“No he visto el juicio”, dijo Lula, lacónico y evasivo. El ex presidente por ahora no ha visto afectada su popularidad. Pero sabe que, en el fondo, Dirceu y Genonino han sido apenas una estación intermedia para llegar hasta él y barrerlo de la historia.