El empobrecimiento generacional de la izquierda

François Hollande, el 21 de diciembre. REUTERS.

François Hollande, el 21 de diciembre. REUTERS.

Muchas son las razones de la crisis de la izquierda en Europa. Una de ellas y seguramente la de mayor peso es la calidad de sus dirigentes. Cuando el periodista Jean-Marie Colombani titula un artículo suyo preguntándose si François Hollande es un nuevo Zapatero y hace extensiva la pregunta a los equipos de ambos políticos socialistas, está dibujando un panorama de gran mediocridad.

Uno y otro son “lejanos sucesores” de François Mitterrand y Felipe González que supieron hacer Política con mayúsculas, pero de entonces a hoy mucho se ha perdido por el camino. “La diferencia entre ambas generaciones –dice el exdirector de Le Monde–  está en la profesionalidad del pasado y el amateurismo del presente”.

Es curioso que Colombani reivindique la profesionalidad de los políticos cuando hoy todos son políticos profesionales y así son vistos por los ciudadanos en el sentido más peyorativo de la palabra, pero, como en todo, hay profesionales buenos y malos. Y no es lo mismo ser un buen profesional de la política que hacer de la política una profesión aunque se sea un aficionado o se comporte como tal.

Italia, otro país vecino donde la izquierda ha ocupado un amplio espacio político (el invento del eurocomunismo era cosa de Italia, Francia y España) no se libra de este empobrecimiento generacional. No hace falta remontarse a figuras históricas como las de Palmiro Togilatti o Antonio Gramsci, pero la izquierda italiana, socialista y comunista, ha tenido en su santoral laico a grandes personalidades como Pietro Nenni o Enrico Berlinguer.

Pier Luigi Bersani, el 13 de diciembre. AP / GREGORIO BORGIA.

Pier Luigi Bersani, el 13 de diciembre. AP / GREGORIO BORGIA.

Después vinieron políticos como Massimo D’Alema o Walter Veltroni, “impresentables a estas alturas”, según escribe el filósofo Paolo Flores d’Arcais, “de los que siempre se alaba su ‘inteligencia’ por más que hayan cometido todos los errores posibles a pesar de las inigualables oportunidades de éxito que la historia les ha ofrecido con tanta generosidad”.

¿Y ahora? Según Flores d’Arcais, “entran en escena las segundas y las terceras filas de la nomenclatura que de ‘nuevo’ respecto a sus predecesores tienen solo algo menos de edad y algo más de mediocridad”. En esta categoría entraría Pier Luigi Bersani, el líder del Partido Democrático.

Vivimos en una modernidad líquida (Zygmunt Baumann) donde impera el pensamiento débil (Gianni Vattimo). Pero el poder real, el de quienes nos han abocado primero a la crisis económica y después a fórmulas humillantes y sangrantes para combatirla, es sólido y fuerte. Y la izquierda europea, anclada en un supuesto pero inoperante pragmatismo, carece de ideas y de auténticos líderes cuando más la necesitamos aunque solo sea para acotar el terreno de la derecha.