El robot Romney cobra vida

En los debates presidenciales de EEUU suele puntuar por encima de todas las cosas la compostura y las sentencias ocurrentes. Anoche ganó Mitt Romney en ambas categorías. Ganó en determinación, en velocidad de respuesta, en naturalidad, en convicción y, en definitiva, en la puesta a punto. Ganó también el premio a la mejor frase de la velada: “Como presidente, usted tiene derecho a su avión y a su casa, pero no a sus hechos”. Preparada estaba, pero no sonó impostada, que es de lo que se trata.

¿Y Barack Obama? Obama apareció tan canoso en la cabeza como en la dialéctica. Si no estaba cansado, lo parecía. No tuvo un día inspirado y no inspiró nada. Parecía un profesor resabiado que lleva demasiados días seguidos sin hacer fiesta. El profesor irritado y poco acostumbrado a que le lleven la contraria. El profesor que se deja caer en la desgana y ni le importa ya ganarse a la clase.

Dicen que en sus primeros años de carrera política, antes de aprender a pronunciar discursos emotivos y adquirir la vibrante cadencia de las iglesias negras, Obama sonaba aburrido, distante y autocomplaciente cuando subía a un púlpito. Tras verlo anoche, podemos hacernos una idea más concreta de cómo era.

Romney necesitaba una buena actuación para estrechar las diferencias que señalan las encuestas y la consiguió. De repente, dejó de parecer el candidato robótico. De repente, cobró vida. Incluso en los complejos intercambios sobre economía y déficit, pareció mejor preparado y se hacía escuchar. Todas las editoriales y columnistas de relevancia de EEUU le han dado hoy como claro vencedor. Para los demócratas, inquietante unanimidad.

El candidato republicano tratará ahora de expandir la credibilidad y el optimismo que ha recobrado su campaña. Faltan aún dos debates presidenciales y uno entre vicepresidentes. Y permanece una verdad estadística desvelada ayer por un estudio publicado en The Washington Post: analizadas las encuestas antes y después de los debates de las campañas presidenciales desde los años 80, el impacto de media de los duelos televisados en la carrera electoral es de 2,3 puntos. Es, más o menos, la ventaja que disfrutaba Obama en algunos estados claves antes del careo de ayer miércoles. O sea, igual resulta que aún hay partido.