La demografía en EEUU y en China

Unos niños juegan ante una composición floral dedicada al Congreso del Partido Comunista en Pekín. AP / ANDY WONG

Unos niños juegan ante una composición floral dedicada al Congreso del Partido Comunista en Pekín. AP / ANDY WONG

Las elecciones estadounidenses han permitido constatar el peso decisivo de los cambios demográficos. Según el censo del 2010 las minorías representan el 36% de la población, lo que significaba  un aumento de 5 puntos con relación al año 2000.  De estas minorías, la que más crece es la hispana. Hoy, uno de cada seis ciudadanos es hispano y tres de cada cuatro votantes de esta minoría dieron su apoyo a Barack Obama.

Hay estados de larga tradición republicana como Virginia, o el retiro para jubilados que era Florida, donde el demócrata Obama ha vuelto a ganar y lo ha hechos gracias a los cambios demográficos. En el envés de la medalla, el perdedor Mitt Romney ha quedado como el representante de un partido para blancos, hombres y mayores de 65 años, es decir, un sector de población que pierde peso cada día que pasa.

Momento de la ceremonia de apertura del Congreso del Partido Comunista de China. EFE / DIEGO AZUBEL

Momento de la ceremonia de apertura del Congreso del Partido Comunista de China. EFE / DIEGO AZUBEL

El otro gran país que en estos días cambia a sus dirigentes es China. Como allí la democracia sigue siendo una perfecta desconocida, los cambios demográficos no se constatan en las urnas, y posiblemente todavía no se manifestarían si las hubiera, pero pueden hacerlo en un futuro muy próximo.

En China estos cambios no vienen dados por cuestiones migratorias, si no por diferencias de edades. El gran país asiático va camino de convertirse en una sociedad de viejos. Como Europa, pero a una escala muchísimo mayor.

El gran censo realizado en China en el 2010 puso de manifiesto que la política decretada en 1980 de un solo hijo por pareja estaba reduciendo el número de jóvenes y aumentando el de viejos. Los jóvenes de menos de 15 años habían decrecido en un 6,3%, mientras que los mayores de 65 años aumentaban en casi un 3%. Y la tendencia es que la horquilla de edad aumente en los próximos años.

Las consecuencias de este desequilibrio demográfico son varias. Tendrá efectos en un mercado de trabajo que será más reducido y por tanto más competitivo y más exigente cuando se trate de salarios. Pero sobre todo, el aumento de la tasa de dependencia obligará al Gobierno a un gran gasto en pensiones, sanidad y servicios sociales para la tercera edad.

Actualmente, el 95% de todos los chinos tiene acceso a algún tipo de servicio médico aunque muy rudimentario, y en las zonas rurales existen unas pensiones muy básicas. El presidente Hu Jintao, en su discurso de apertura del Congreso del Partido Comunista ponía como objetivo para el 2020 “una sociedad moderadamente próspera”, y hacía énfasis en la necesidad de educación, sanidad y cuidado de la tercera edad.

Corresponderá a su sucesor en la presidencia Xi Xinping hacer frente al reto de combatir los efectos de los cambios demográficos y evitar que China se convierta en una sociedad con pocos jóvenes y muchos viejos.