La oportunidad de trascender

Para cerrar la última campaña política de su vida, Barack Obama no se descuidó de una rutina que siente que le da suerte: un partido de baloncesto con personal de campaña, con amigos, con periodistas, esta vez incluso con un mito de los Chicago Bulls, Scottie Pippen. Se filtró que el equipo del presidente ganó de paliza, por más de 20 puntos. Sí, se puede dar por descontado que Pippen jugó a su lado. El partido electoral, en cambio, fue muchísimo más ajustado. Hubo que esperar hasta el último segundo, la última posesión. Emoción política.

Al final, el sueño de un presidente de color, el sueño de Martin Luther King, no ha explotado antes de hora. A Obama le quedan ante sí cuatro años para convertirse en un presidente que trascienda los simbolismos. Ese ha sido su ambicioso proyecto desde que, siendo un joven senador, se sumergió en la aventura política que le convertiría en presidente.

En varias ocasiones confesó a su círculo íntimo, durante la histórica campaña del 2008, que no deseaba ser un cuadro más en la galería de presidentes de EEUU, uno de esos rostros ilustres enmarcados del que años después nadie le recuerda mérito gubernamental alguno. Quería y quiere trascender, ser valorado por la historia, dejar huella. Tendrá de nuevo ante sí las restricciones que le irá imponiendo la Cámara de Representantes republicana, pero también la libertad propia del segundo mandato.

Ahora le toca descansar unos días, jugar algún partidito de golf y dejar atrás una campaña que se complicó él solo más de la cuenta cuando se presentó al primer debate con Romney como quien acude a la comida de domingo en casa de los suegros: irritado, desganado, sin mucho interés por hablar. Más pendiente del informativo de la televisión que de la conversación. Romney, en cambio, se mostró preparado y audaz, desplegando argumentos hilados con precisión de costurera experta. Y le plantó cara desde ese día hasta ayer, hasta que, recontando estados, Ohio subió al casillero de Obama.

Obama es un hombre brillante, profundo, capaz y, bien sabido, un orador descomunal. Le ha llegado el momento de imponerse metas elevadas. Es lo que espera su fiel electorado. Es en realidad lo que él siempre ha esperado de sí mismo. Keep on pushing, dice la canción de Curtis Mayfield and The Impressions que ha utilizado en momentos importantes de su carrera política. Sigue empujando. No se olvide de escucharla.