Los israelís etíopes piden que se acabe el racismo

“Blancos y negros, todos somos iguales” rezaban algunas pancartas de colores entre los 5.000 manifestantes que se han concentrado esta tarde delante de la Knesset (Parlamento israelí) para protestar contra el racismo que sufre la comunidad etíope de Israel. “Hoy soy yo, mañana eres tú”, “Stop al racismo” y “Nuestra sangre solo es buena para las guerras” eran otros eslogans que enarbolaban los congregados.
Dos israelís etíopes.

Dos israelís etíopes.

Los israelís etíopes se sienten “ciudadanos de segunda”, apunta un joven de origen etíope pero nacido en Israel que aplaude con fervor las palabras de Mulet Hararo, un estudiante israelí de 26 años y ascendencia etíope. Hararo ha llevado a cabo una marcha de tres días en solitario desde la localidad de Kiryat Malakhi hasta Jerusalén, ciudades separadas por 45 kilómetros. “Soy la tercera generación de marchistas”, grita Hararo desde el escenario que se ha plantado en el parque de la Independencia, en el centro de Jerusalén, donde ha concluido la manifestación iniciada en la Knesset. “Mi abuela empezó su marcha siguiendo su deseo y el sueño de 3.000 años de todos los miembros de nuestra comunidad (…) “Recorrieron durante semanas caminos intransitables, hombres, mujeres y niños”, relata Hararo. “Estoy orgulloso de ser israelí de ascendencia etíope. He recorrido mi camino con la bandera israelí porque Israel es el hogar de todos los judíos. Israel también es nuestro hogar. No tengo otra tierra. He realizado mi marcha por esta tierra santa para demostrarme a mí mismo que es mía, para demostrarle a ella que la quiero. Y ha probado que me quiere”, asegura Hararo a los manifestantes, la mayoría de origen etíope.  

Hararo inició su marcha para denunciar ante la sociedad y las autoridades de Israel que los etíopes israelís sufren el racismo de muchos compatriotas. Hace una semana, las protestas por esta cuestión que se arrastra desde hace años se iniciaron en Kiryat Malakhi después de que los comités de vivienda rechazaran vender apartamentos en esta localidad a israelís de origen etíope. Pero la discriminación contra los etíopes en Israel, llamados “falashas” -nombre que significa “sin tierra” o “extranjero”, con el que fueron apodados peyorativamente los etíopes judíos que no quisieron convertirse al cristianismo en el siglo XV y fueron castigados con la confiscación de sus tierras- empezó cuando a finales de los años 60 llegaron a Israel los primeros etíopes como polizones en barcos cargueros.  

En 1975, el Gobierno israelí decidió aplicar Ley del Retorno a los judíos de Etiopía y en 1977 evacuó a etíopes a cambio de armas para Adís Abeba. Pero el primer gran traslado de judíos etíopes a Israel se realizó en 1984 en el marco de la Operación Moisés: 8.000 personas salieron de Etiopía hacia Israel a través de Sudán. La mayoría anduvieron durante días y muchos murieron. Y la evacuación de mayor envergadura fue la Operación Salomón: en 36 horas unos 15.000 judíos salieron de Adís Abeba con destino a Israel.  

Los israelís de origen etíope son ahora 116.100, según datos de noviembre de 2010 de la Oficina Central de Estadísticas de Israel. Una tercera parte de ellos ha nacido en territorio israelí. Según la misma oficina, un 90% de los etíopes de Israel se casa con alguien de su comunidad, la llamada Beta Israel. Y es que suelen sentirse rechazados por el resto de grupos que integran la sociedad israelí. Algunos estudios revelan que muchos padres no querrían que sus hijos se casaran con una persona de origen etíope.  

Los integrantes de la Beta Israel ocupan a menudo trabajos poco considerados y mal remunerados. “No tenemos las mismas oportunidades que el resto de los israelís”, asegura Shimon, de 27 años y operario de maquinaria. “Yo nací en Etiopía, pero el sueño de mi familia era venir aquí, a Israel”, explica Shimon, que vive en Rehovot, a 20 kilómetros al sur de Tel-Aviv y se ha desplazado a Jerusalén para la manifestación. “En general, los israelís nos tratan bien, pero hay pequeños grupos racistas. Le pedimos a la gente que nos vea como a los demás y al Gobierno que nos deje vivir como el resto de los ciudadanos”, subraya.  

“Mucha gente insulta a los etíopes, los maltratan, creo que nunca se les ha aceptado en Israel”, dice Hagit, una israelí que a pesar de no pertenecer a la comunidad etíope, se ha sumado a su causa. “Los etíopes han sido hasta ahora demasiado considerados, no han protestado, han aceptado demasiados maltratos, es una de las comunidades en que hay más suicidios”, asegura Hagit, que trata pacientes con terapias alternativas en un hospital jerosolimitano.