Obama sale del hoyo

Admitámoslo: hasta ahora, la larga campaña presidencial ha interesado fuera de EEUU de una forma oblicua y distanciada. Pero aquellos a los que el espectáculo electoral nos ha entretenido desde el minuto 1 nos vemos en la obligación de avisar que esto ya va en serio, que queda poco y que el partido va reñido.

Anoche era un buen día para engancharse. El segundo debate contenía el elemento dramático de comprobar si el presidente iba a ser capaz de salir del hoyo en que se había metido en el primer cara a cara. Y sí, se puede decir que lo logró. Consiguió las frases con más gancho comercial de la velada, argumentó de forma resolutiva y, en definitiva, impulsó la moral temblorosa que su actuación de Denver había dejado en la hinchada demócrata. “He’s back”, dijeron los suyos.

Y lo hizo en ese ameno formato que allí llaman town hall meeting (aquí recuerda al Tengo una pregunta para usted), que obliga a los candidatos a exigirse lo máximo de sí mismos. Barack Obama y Mitt Romney, cumpliendo con su parte, acudieron al plató de la universidad de Hofstra (Nueva York) rebosantes de testosterona política. Fue un apasionante ring sin guantes, pero con el verbo elegantemente inflamado.

Como en las batallas de rap, Obama y Romney se pusieron en pie, se entrecruzaron miradas desafiantes y se ignoraron con intencionado desdén. Se apuntaron con el dedo, se interrumpieron y se desmintieron, dando pasos circulares sobre sí mismos. Un centenar de ciudadanos les observaron, les preguntaron y, en contra de lo que dictan las reglas, se permitieron algunas risas espontáneas, casi todas de respaldo a Obama. Y, en medio, una moderadora que hizo lo que pudo. No fue fácil su trabajo en la batalla de Hofstra.

Queda un debate, el lunes próximo en Florida, y 20 días para el día de las elecciones. No tiene pinta de que los dígitos de los sondeos vayan a alterarse drásticamente. Porque Romney, pese a algún tiro que le salió por la culata, mantuvo el tipo ante el resucitado Obama.

Y para los que decidan engancharse ahora, que se fijen ante todo en los sondeos de Ohio, Virginia y Florida. Allí, con toda seguridad, se van a decidir las elecciones del 6 de noviembre.