Pronósticos sobre Siria

Manifestación de apoyo a Asad

Manifestación de apoyo a Asad

El 30 de marzo del 2011 publiqué en este mismo blog un post titulado “Asad no se tambalea”.  Hacía apenas dos semanas que las protestas contra el régimen de Bashar al Asad habían comenzado, al calor de las revueltas que habían derrocado ya a los mandatarios tunecino y egipcio, Zine el Abidine Ben Ali y Hosni Mubarak, y que habían propiciado una intervención militar internacional en Libia. No faltaban entonces quienes, presos del entusiasmo que la “primavera árabe” había desatado, auguraban que a Asad le quedaban poco más de cuatro días en el poder. 

Hacer pronósticos en política internacional siempre resulta arriesgado y en una región tan volátil como la que nos ocupa, aún más. Por muy fino que alguien pueda tener el olfato, los periodistas y analistas no somos pitonisas. Pero para cualquier avezado estudioso de Oriente Próximo algunas cosas eran fáciles de intuir.

“El régimen esgrime el fantasma de una guerra sectaria entre comunidades para infundir el miedo a la población y frenar los ánimos contestatarios. Es evidentemente un argumento interesado, pero no inventado. Siria es un mosaico de culturas y confesiones. Y muchos de los sirios de a pie miran al Líbano o a Irak y se asustan. Aunque la saga de los Asad pertenece a una minoría, la alauí (una rama del chiísmo), que constituye poco más del 11% de la población, es evidente que, por motivos diversos, el régimen cuenta todavía con una base de apoyo nada desdeñable”. Esta aseveración, escrita hace más de 10 meses, sigue siendo válida. Si algo ha cambiado es que el temor a la guerra civil sectaria es cada vez menos un temor y cada vez se parece más a una realidad tangible.

Heridos en Homs

Heridos en Homs

Que las fuerzas leales a Asad no hayan tenido ningún tipo de contemplación en su intento de acabar con la revuelta, por sangrientos que resulten los medios, resulta nauseabundo, pero tampoco podía sorprender a nadie mínimamente conocedor de la naturaleza del régimen de Damasco. Era algo que también apuntaba aquel post del 30 de marzo, cuando las protestas no habían hecho nada más que empezar:

“Finalmente, no todos los regímenes autocráticos son iguales. El sirio es particularmente represivo, mucho más que lo que lo era el egipcio de Mubarak. Establece un férreo control sobre la población, no tolera la menor disidencia y la policía secreta se hace omnipresente en todos los ámbitos de la vida cotidiana. 

No es previsible que las cosas lleguen a este extremo, pero si fueran realmente mal dadas para el régimen, existen pocas dudas de que la cúpula dirigente de Damasco no tendría ningún escrúpulo en aplastar la revuelta y hacer que los disidentes se lo piensen dos veces antes de volver a salir a la calle, como parece haber acabado ocurriendo con sus correligionarios en Irán. La represión de las protestas de las últimas semanas en Siria y sus víctimas mortales lo atestiguan. La trayectoria histórica también. Una revuelta de los Hermanos Musulmanes en Hama en 1982 fue sofocada a sangre y fuego y el Ejército bombardeó la ciudad; nunca se ha sabido a ciencia cierta cuál fue el número de víctimas mortales, pero las estimaciones oscilan entre las 10.000 y las 30.000. Una repetición del uso masivo de la fuerza bruta suscitaría la condena universal pero en ningún caso provocaría ninguna intervención militar internacional parecida a la que se desarrolla ahora en Libia. Siria es un país muy importante en el precario equilibrio regional de Oriente Próximo….”

De nuevo, el pronóstico fue acertado, tanto en lo que se refiere a la decisión de aplastar la revuelta a sangre y fuego como a la falta de intervención internacional por sonoras que fueran las condenas. Confieso, sin embargo, que me equivoqué en dos estimaciones. Al final, las cosas sí llegaron “a este extremo”. Y, sobre todo, me equivoqué al pensar que cuando el Ejército sacara los tanques y los obuses, la revuelta pasaría a mejor vida y los manifestantes volverían a sus casas como ocurrió en Irán. Que Asad acabe imponiéndose por la fuerza y sobreviva en el poder puede todavía suceder, aunque es cada vez más improbable. Pero ni por un momento me pasó por la cabeza, en las postrimerías de marzo del 2011, que casi un año después los opositores seguirían sin cejar en el empeño, bajo las bombas, aunque la revuelta, ahora ya también armada y no solo pacífica como en sus inicios, haya adquirido otra naturaleza. Realmente, se trata de una heroicidad.