Rarezas italianas

Figuras que representan a los principales candidatos electorales expuestas en una tienda de Nápoles. EFE / CIRO FUSCO.El circo electoral italiano (como el de cualquier otro país ante la cita de las urnas) llega a su fin. Se vota este domingo y el lunes por la mañana. Lo de votar en lunes tiene en esta ocasión poco sentido. Aprovechar el domingo en la playa y el permiso laboral para votar el lunes no se aplica en pleno invierno con un tiempo que está resultando muy inclemente en Italia. Pero la ley electoral es la ley.

Sin embargo, esta no es la única rareza de esta cita con las urnas. Después de su dimisión como primer ministro a finales del 2011, Silvio Berlusconi parecía alejarse de la política. En octubre del pasado año confirmó que no iba a ser candidato abriendo la puerta a un proceso de primarias en su partido, el Partido de la Libertad,  pero dos meses después anunció su candidatura.

Ahora bien, obligado a ir en coalición con la Liga Norte pactó con el actual líder de esta formación secesionista, Roberto Maroni, que, de ganar, ocuparía la cartera de Economía y dejaría el puesto de primer ministro a otro que tampoco sería el dirigente liguista.

Mario Monti en su breve pero apretado paso por la presidencia del Gobierno había negado cualquier veleidad de entrar en política. Se definía como un técnico de un Gobierno realmente técnico. Pero ¡ay!, el anuncio de Berlusconi le llevó a desdecirse y encabezar una lista, Opción cívica con otras fuerzas centristas. Lo raro de este paso al pantanoso terreno de la política es que Monti, como senador vitalicio que es, no puede encabezar la lista de la candidatura.

La gran sorpresa de esta campaña ha sido la del cómico Beppe Grillo convertido en azote de la casta política y económica cual moderno Savonarola. Todo indica que su Movimiento 5 estrellas quedará en segundo lugar y será así tras una operación de ninguneo mutuo entre él y los medios de comunicación públicos, privados, en papel o audiovisuales.

Grillo es otro que tampoco llegará a Palazzo Chiggi, la sede de la presidencia del Consejo de Ministros, ni llegaría de ganar de forma aplastante. Se lo impide una antigua condena por homicidio involuntario durante un accidente de tráfico.

El único que no tiene ningún impedimento pactado, autoimpuesto o legal para presidir el Gobierno es Pierluigi Bersani al frente del Partido Democrático y de la coalición de izquierdas. Además, todos los sondeos le dan como vencedor, pero ser el primero no significa poder gobernar y menos bajo el complicado sistema electoral italiano.

Por ello, viene a cuento recordar la primera frase de un editorial del Corriere della Sera al inicio de la campaña electoral del lejano 1983: “Italia es un país dónde puede ocurrir todo y lo contrario de todo”. Nunca la he olvidado.