Ucrania también ha votado

Un sacerdote sostiene una bandera frente a policías antidisturbios en una manifestación de protesta por el fraude electoral, en Kiev el 5 de noviembre. EFE.

Un sacerdote sostiene una bandera frente a policías antidisturbios en una manifestación de protesta por el fraude electoral, en Kiev el 5 de noviembre. EFE.

Mientras hemos estado, y a estas horas seguimos estando, pendientes de las elecciones en EEUU, en Europa ha habido otras elecciones que en unas distintas circunstancias hubieran merecido la atención debida por su gravedad.

Por ejemplo, el pasado 28 de octubre hubo elecciones parlamentarias en Ucrania. Nueve días después, todavía no se conocen los resultados. El caso es tan escandaloso que incluso la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, tan poco dada a ejercer, ha urgido a las autoridades para que den a conocer cuanto antes los resultados.

La limpieza de los comicios ya está en entredicho y no le falta razón a la oposición cuando los califica de fraudulentos. Tampoco es muy normal que la líder de la oposición, Yulia Timoshenko, que ha encabezado el Gobierno en dos ocasiones, haya tenido que hacer campaña desde la cárcel donde cumple una condena de siete años  

Ucrania no es un país menor en el tablero continental. Además de ser el segundo más grande de Europa, es bisagra entre Rusia y Europa central. La historia hace que los vínculos de la parte oriental con Rusia sean muy estrechos, mientras que el resto del país se encuentra cultural e históricamente más próximo a sus vecinos occidentales, en particular Polonia.

Esta división se refleja en la política con una lucha continua desde su independencia de la Unión Soviética en 1991 entre los partidos pro-rusos y los más próximos a la Europa central y occidental. En estas elecciones el oficialista Partido de las Regiones del presidente Víktor Yanúkovich habría conseguido más votos, pero no los suficientes para gobernar en solitario, seguido por Batkivshina, la formación de Timoshenko.

Sus vastas extensiones de tierras fértiles han hecho de Ucrania un granero, pero lo que realmente le confiere un valor geoestratégico de primer orden es el ser ruta de tránsito del gas ruso, el tener una llave de paso. Y esto, el gas, es lo que impregna toda la política del país.

Simpatizantes de Yulia Timoshenko, en una manifestación de protesta por el fraude electoral, el 5 de noviembre en Kiev. EFE / SERGEY DOLZHENKO.

Simpatizantes de Yulia Timoshenko, en una manifestación de protesta por el fraude electoral, el 5 de noviembre en Kiev. EFE / SERGEY DOLZHENKO.

Por ello Moscú quiere siempre tener amigos en el Gobierno de Kiev con los que no haga falta discutir el precio de paso del combustible, un precio siempre muy favorable a los intereses rusos. Cuando gobiernos pro-occidentales han intentado discutir el precio en beneficio de Ucrania, los ucranianos y muchos países europeos que se abastecen de este gas, se han puesto a temblar de frío, literal y metafóricamente hablando porque Moscú ha cerrado su espita.

Timoshenko ha acabado en la cárcel condenada por un delito de abuso de poder cometido cuando era jefa de Gobierno. Fue acusada de firmar un contrato de compra de gas a Rusia en el 2009 que, según el actual presidente, perjudicaba los intereses de Ucrania por el alto precio pagado. La condena y el encarcelamiento de la señora de la trenza facilitaban la campaña electoral al presidente Yanúkovich, pero por lo visto con la tardanza en conocerse los resultados, no ha sido suficiente.