¿Clooney? ¿Obama? Biden, el auténtico icono gay

Digámoslo de entrada. El auténtico icono gay debería ser Joe Biden. El vicepresidente se salió de la disciplina gubernamental el domingo al saltar al ruedo a bendecir los matrimonios entre homosexuales. Barack Obama, que dice que venía rumiando sobre el asunto, se vio forzado a pronunciarse, porque existía presión para ello y porque el silencio equivalía a algo que conviene que no sea vea, aunque todos sepamos que existe, que es el cálculo electoral. Así que, una vez hecha la lista de pros y contras, habló claro, y dijo lo que dijo, y las asociaciones de gais y lesbianas descorcharon champán. Y le cayeron un millón de dólares para la campaña de reelección en apenas 90 minutos. Y ayer se pudo dar un feliz baño de masas glamourosas en Los Ángeles, en la casa de George Clooney, donde ingresó para su campaña casi 15 millones de dólares (al parecer, una cifra nunca alcanzada en un solo acto de recaudación).

Obama es el primer presidente de EEUU en aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo y es evidente que en el terreno de los derechos civiles se ha ganado otro lugar en los anales. Pero su declaración es solo eso, una declaración, a la práctica sin más trascendencia, porque corresponde a los estados decidir si permite esos enlaces legales. Sin ir más lejos, 24 horas antes del posicionamiento de Obama, Carolina del Norte votó en referéndum en contra del matrimonio entre gais. Y no habrá quien cambie eso, diga lo que diga Obama. Pero desde la presidencia se pueden imponer debates culturales, expandir valores, ayudar a derribar perjuicios… No está de más, desde luego, su reflexionada declaración, pese a los nulos efectos legales.

Lo que todos los analistas estadounidenses tratan de valorar ahora es el efecto político, las repercusiones en la carrera por alcanzar la Casa Blanca. Porque para eso son analistas políticos. La justicia, el avance moral y el progreso cívico de la declaración parecen importar menos. ¿Hay oportunismo electoral o no? ¿Le beneficia o no le beneficia de cara a noviembre? Esas son las cuestiones que ahora predominan y sobre las que resulta entretenido especular, así que juguemos un poquito.

Tras las palabras de Biden, al pragmático Obama le perjudicaba más callar o una declaración escurridiza que una defensa del matrimonio homosexual. El asunto divide el país en dos. Un 52% a la orilla izquierda (a favor) y un 48% a la otra (en contra). Así lo dicen las encuestas. Se sabe que la gran mayoría de ese 48% no lo votaría ni que su rival fuera un búfalo. Y se sabe que a lo largo de este primer mandato, de tanto templar gaitas, ha generado desazón en las bases más progresistas de su partido. ¿Qué menos, pues, que mostrarse generoso en un tema moral y culturalmente sensible y que marca claramente las líneas entre un conservador y un demócrata?

Falta ver qué piensa el votante independiente, el que inclinará la balanza a favor de Obama o Romney en noviembre. Aunque quizá da igual, porque lo más probable es que por entonces la economía y el empleo hayan sepultado a los matrimonios gais como tema de conversación. Pero los homosexuales, entre tanto, que no se olviden de posterizar la cara de Biden. Quizá carece de sex-appeal, pero suyo fue el empujón a Obama hacia los anales.