Los socialistas franceses conmemoran estos días el 30 aniversario de la victoria de François Mitterrand, el 10 de mayo de 1981, jornada histórica para la izquierda, que recuperó el poder después de 23 años de gestión de la derecha. A un año de las presidenciales del 2012, la celebración cobra un significado especial. Los augurios de las encuestas sitúan al Partido Socialista como favorito –especialmente si el candidato es Dominique Strauss-Kahn- frente a un Nicolas Sarkozy que sigue sin levantar cabeza.
Según el último sondeo, del instituto TNS Sofres para le Figaro Magazine, la popularidad del presidente francés está en su punto más bajo desde su llegada al Elíseo, en mayo del 2007, con un 20% de opiniones favorables. Contrariamente a lo que sucede a otros líderes cuando se erigen en jefes de guerra, Sarkozy no ha visto recompensada su iniciativa en el ataque aliado contra Muamar Gadafi ni la intervención militar en Costa de Marfil. Todo lo que hace parece aprovechar a la ultraderecha.
La flamante presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, no solo ha ganado cuatro puntos –con un 29% de popularidad, ocupa el número 10 del ránquing de los políticos del país- sino que se convierte en la personalidad favorita entre los simpatizantes de la derecha (55%). Mientras, Sarkozy ha perdido tres puntos en relación al mes de abril. Su cota de confianza retrocede sobre todo entre los obreros (14%) y los empleados (13%).
El jefe del Estado tiene serios motivos de preocupación. Su peor enemigo es la división del voto conservador, tanto hacia la extrema derecha –que Marine Le Pen ha convertido en una opción frecuentable- como hacia el centro, con la fuga de líderes centristas del partido de Sarkozy, la Unión por un Movimiento Popular (UMP). El riesgo de ser eliminado en la primera vuelta crece por momentos. Pero el Partido Socialista (PS) tampoco está al abrigo de una eventual repetición del trauma del 2002, cuando el padre de Marine, Jean Marie Le Pen, derrotó contra pronóstico al entonces primer ministro Lionel Jospin.
La proliferación de presidenciables –tanto por el flanco radical como por el ecologista- no es muy alentadora. Tienen un año para demostrar que han aprendido la lección de su venerado Mitterrand, es decir, unirse sin fisuras en torno a un líder, para convertir en realidad los augurios de los sondeos. Y recuperar el poder después de 17 años de animados combates de egos, pero sin salir del frío banco de la oposición.
La lección de Mitterrand
– 6 mayo, 2011Publicado en: INTERNACIONAL








